13 octubre 2006

La Operación Roca

En 1985, la gran banca española se percató de que Felipe González podría revalidar su mayoría absoluta al año siguiente, posibilidad inquietante a tenor de episodios como la expropiación de Rumasa: los banqueros temían una deriva izquierdista del PSOE tras las elecciones del 86, cosa que finalmente no se produjo ni por asomo.

Tal preocupación era comprensible si tenemos en cuenta las posibilidades reales de los contrincantes de González: el líder de Alianza Popular, Manuel Fraga, había alcanzado su techo electoral debido a su pasado franquista, y las querellas internas habían terminado por descomponer a UCD. En lo que respecta a los partidos de derechas, sólo CiU se mantenía constante en Cataluña. Ahí nace la Operación Roca.

Los bancos españoles creyeron necesario catapultar desde las filas de Jordi Pujol a un nuevo partido político capaz de convertirse en la bisagra entre los dos partidos mayoritarios (PSOE y AP) y expulsar del poder a González o, por lo menos, evitar que revalidase la mayoría absoluta. El candidato idóneo para esa misión no fue otro que Miguel Roca (diputado de CiU y uno de los padres de la Constitución española), y el partido en cuestión fue bautizado como Partido Reformista Democrático. Florentino Pérez se unió al proyecto como número dos de a bordo.

El PRD recibió de los grandes bancos españoles la fabulosa suma de 24 millones de euros (cerca de 4.000 millones de pesetas de entonces), algo excesivo teniendo en cuenta los préstamos que recibieron los dos partidos mayoritarios en aquel entonces: 9,6 millones de euros para el PSOE y 7,2 millones para AP.

El éxito que supuso la campaña electoral del PRD (más de 1.700 actos en 37 provincias) contrastó con el sonoro fracaso de sus resultados. El partido liderado por Roca no consiguió ni un solo diputado, y el PSOE ganó nuevamente las elecciones con mayoría absoluta. Resultaron ser los 24 millones de euros peor invertidos de la historia de la política española.

Pero evidentemente tal suma de dinero no era un regalo, sino un préstamo, y los meses siguientes a las elecciones los acreedores llamarían a la puerta del despacho de Roca para saldar deudas. Como es lógico, ni el señor Roca ni CiU disponían de tales fortunas, así que el desembolso provino del propio pueblo catalán, que pagó de su bolsillo sin saberlo las aventuras de poder de políticos y banqueros. Al Banco Hispano Americano, por ejemplo, se le conoce su cobro por medio de la empresa constructora Ferrovial (propiedad de aquél por entonces), a la que fue adjudicada la construcción y explotación de la autopista Tarrasa-Manresa, por decisión personal y directa de Pujol. La operación es tanto más escandalosa por cuanto el proyecto presentado a última hora por Ferrovial estaba inacabado, no cumplía con los requisitos de la adjudicación y, en definitiva, no podía competir con las otras ofertas, por lo que fue descartado por los técnicos. El cobro del resto de bancos se realizaría por medio de chanchullos parecidos.

Este episodio de nuestra historia más o menos reciente, ignorado por muchos, supone una buena muestra de los lazos que unen a los poderes económico y político de nuestro país, así como de la corrupción que impera en ellos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Nada que añadir, salvo que los "pobrecitos catalanes", son lobos con piel de cordero.

Por lo demas totalmente deacuerdo

Saludos

Un Sr

Anónimo dijo...

Anónimo dijo... una gran parida. Véase. Si hubiera usted sido catalán, nacido en Catalunya, sería probablemente un aspirante a lobo, pero con la piel de la madre de usted, que bien podría ser una zorra. Jajaja, jajaja, ¡pobre charnego!

("Nada que añadir, salvo que los "pobrecitos catalanes", son lobos con piel de cordero") Jajaja, jajaja