20 enero 2007

¿La GC ha condenado la violencia?

Esta paliza a un inmigrante en Melilla sucedió hace meses, y desde entonces la Guardia Civil no ha condenado la violencia (¿habrá que aplicar la ley antiterrorista?). Ningún partido político ha condenado este atentado (¿habrá que aplicar la Ley de Partidos?). Pero tranquilícese todo el mundo, que la tortura y los malos tratos policiales son cosas de otros países, aquí estas cosas no pasan.

19 enero 2007

“Tenían que colgarlos de donde yo digo”



En este vídeo podemos observar, a partir del segundo 42 del tercer minuto, una concentración celebrada en septiembre del año pasado para apoyar a la policía local de Torrevieja (investigada en esas fechas por torturas y malos tratos), en la que uno de los manifestantes, portando una pancarta en la que podemos leer “más mano dura al atracador”, llega a afirmar que la policía debería “colgarlos (a los atracadores, suponemos) de donde yo digo, eh?, y no lo digo”. Ni falta que hace decirlo, todos nos imaginamos a qué parte de la anatomía masculina se refiere.

En cualquier caso, ese y el resto de comentarios con los que podemos deleitarnos (“la policía está pa dar leña, no pa hacer multas”, “¡Palos! ¡palos!” “a mí no me pegaron nunca tampoco, porque no he hecho ná”, etc.) son realmente preocupantes. Sugieren que los manifestantes no están defendiendo a la policía de unas acusaciones que ellos estiman falsas. Todo lo contrario: dan por verdaderas las acusaciones y las justifican abiertamente. Se trata sobre todo de gente mayor, educada durante el franquismo, y cuya cultura sobre temas policiales se reduce a la idea de que los “policías buenos” detienen “delincuentes malos”, y que éstos merecen un castigo porque, como se sabe, en España somos muy blandos con ellos. Ni que decir tiene que estas personas no saben absolutamente nada en materia de derechos humanos, ni habrán ojeado en su vida un solo informe de Amnistía Internacional, por ejemplo.

Sin embargo, estas personas sólo justificarían la tortura y los malos tratos en caso de que el detenido sea efectivamente culpable (obviamente estos manifestantes también desconocen la presunción de inocencia o la importancia de un juicio justo, en sus tiempos tampoco se llevaban esas cosas). Probablemente si el detenido fuese inocente ya no estarían tan a favor de los “palos” y la “leña”. Esas son cosas destinadas a atracadores y gente “de la ETA”. Al fin y al cabo, si también se torturase a inocentes… quizá pudiera tocarles a ellos.

De este modo, es difícil convencer a esa gente de que NADIE debe ser torturado ni agredido, sea culpable o inocente. La discusión con ellos se reduce a la frase “¿y si el detenido no es culpable?”. Que es precisamente la objeción que plantea el propio reportaje de “El buscador”: vemos testimonios de jóvenes confundidos con rusos peligrosos, amas de casa en bañador, señoras conduciendo tranquilamente su coche hasta que son paradas por la policía…. pero nunca llegamos a ver el testimonio de alguno de esos negros o “moros” cuya sangre, se nos menciona, podemos contemplar en los calabozos de la comisaría. Al fin y al cabo, el ser negro o magrebí ya puede dar una impresión de culpabilidad a ojos de muchas personas. No digamos ya si se tratase de un vasco: ahí la colaboración con ETA está asegurada.

Quizá el planteamiento tan “progre” de los reporteros amarillistas de este país no esté tan alejado de las posiciones más cavernícolas de esta España nuestra. Quizá por ello en este país existe el necesario caldo de cultivo político para que la tortura y los malos tratos policiales sean tan sumamente frecuentes. Y no sólo en Torrevieja, sino en todo el Estado.

18 enero 2007

Lecciones de un terrorista

El ex presidente Felipe González aparece de nuevo en una entrevista en Cuatro, en la que ha asegurado que Zapatero "sólo" ha trabajado con la hipótesis de que el proceso de paz "podía salir adelante", al tiempo que indicó que en la lucha contra el terrorismo "se debe trabajar con dos, con tres o con cuatro hipótesis".

Creo que no hará falta mencionar esas otras "hipótesis" con las que tan bien "trabajaron" en su día el grueso de las fuerzas antiterroristas del Estado, formadas por políticos como José Barrionuevo o Rafael Vera y ejecutores como Amedo y Galindo, comandados por Mister X y una "alta institución del Estado" que eludiremos mencionar a causa de la indiscutible "libertad de expresión" que sufrimos en esta "democracia".

Y supongo que al numerar "dos, tres y cuatro" hipótesis, González se estará refiriendo, aparte de al terrorismo de Estado como principal, al narcotráfico y a la trata de blancas que lo financiaban. Aparte de los consabidos fondos reservados, claro. Ah, y sin olvidar, claro está, las negociaciones de Argel que llevó a cabo su gobierno con ETA a finales de los años ochenta.

Pero no hay que darle más vueltas. En realidad, lo que pretende Felipe González es hacerle una nueva zancadilla a Rodríguez Zapatero, la segunda después de aquella afirmación que realizó en un mitin en el sentido de que "el PP debe apoyar al Gobierno, aunque éste se equivoque". ¿Quizá Felipe González pertenece a algún sector del PSOE opuesto a Zapatero? ¿O es simplemente un intento de acabar con el prestigio político de alguien que quizá hace demasiada sombra a ese tremendo ego que destila González por los cuatro costados? ¿Un infundado miedo, quizá, a que Zapatero termine la transición española que el PSOE dejó inconclusa después del 23-F? Es difícil saber qué motiva estas declaraciones. Al fin y al cabo, es el propio Felipe González el que afirma en la misma entrevista que los criminales tienen "una aproximación distinta y un análisis distinto".

13 enero 2007

Manifestarse con el servicio (por Quequé)

"(...) Al fin y al cabo, una mani en Madrid sin el helicóptero de la Espe sobrevolándola, sin la COPE proclamando cada cinco minutos que es “la más numerosa de la historia” y sin beatas gritando con la voz rota “Zapatero, vete con tu abuelo”, no es una manifestación ni es nada. Es una reunión clandestina de rojeras, homosexuales, etarras y masones con el único propósito de jalear a ZP, fumarse unos canutos y acabar haciendo una orgía. Y yo ya me cansé de esas manis. Ahora me van más las convocatorias de las gentes de bien, agresivas pero ordenadas, reivindicativas a la par que decentes; con sus señoras cardadas envolviendo los abrigos de piel con un sinfín de traviesas pegatinas, con sus señores con capa deslumbrados por la radiante luz que ofrece la novedad (de ahí, quizá, las sempiternas gafas de sol) y con sus monjas y sus obispos dándole alegría y colorido al evento. Esas son las buenas, las que no generan división entre los españoles, como bien sabe Bono. (...) ¿En serio creímos que hoy marcharían juntos los rojeras, los inmigrantes ecuatorianos, los engominados y las señoras del Barrio Salamanca? Qué ingenuos. Que una cosa es jugar al remy por los negritos del África o donarle los trastos que te sobran al rastrillo navideño, y otra muy distinta salir a manifestarse con el servicio."

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Nuevos tiempos

Concentración de la izquierda abertzale el pasado 6 de enero frente al estadio de Anoeta y carga de la Ertzaintza:

08 enero 2007

Vuelta al pasado

A todos aquellos que, basándonos en la palabra “suspenso” pronunciada por Zapatero, tuvimos esperanzas en que el proceso de paz continuase, el Gobierno se encargó de darnos un baño de realidad al anunciar la ruptura total del mismo. Por si ello no fuese poco, los hechos mostraron la vuelta a las políticas represivas del pasado: el moderno Tribunal de Orden Público prohibía a Otegui la salida del país y la celebración del acto que tenía previsto celebrar la organización Askatasuna en el estadio de Anoeta, al tiempo que se querella contra los diarios Gara y Deia por injurias al rey. Como en los mejores tiempos de la era Aznar.

Los nuevos tiempos anuncian la vuelta al consenso antiterrorista entre los dos grandes partidos, lo que se traducirá en aquel espíritu españolista que nos regaló la infame Ley de Partidos o el macrosumario 18/98. Sin embargo, pensar que la represión policial y judicial contra la izquierda abertzale disminuye las posibilidades de ETA es absurdo. Mientras que el Estado español no solucione el problema vasco de una vez, la violencia de ETA sin duda continuará, quizá por otros 40 años. Y la solución al problema vasco pasa, inevitablemente, por el diálogo entre ETA y el Estado y el reconocimiento del derecho de autodeterminación del pueblo vasco.

La reunión cuasi improvisada entre Zapatero y Rajoy, y que Arnaldo Otegui haya pedido públicamente a ETA que mantenga su compromiso de alto el fuego (curiosamente en presencia de Rufi Etxeberría, miembro del sector más radical de Batasuna y, por tanto, más cercano a ETA, quizá con la intención de dar a entender al Gobierno que la propia ETA suscribe sus palabras), son hechos que invitan a una pobre esperanza de que impere la cordura y el sentido común frente al inmovilismo y la represión. Todavía estamos a tiempo de encauzar el maltrecho proceso de paz y llevarlo a buen término.

02 enero 2007

Los adictos al asesinato

El daño que poderosos sectores de la población española, incómodos con el proceso de paz, podían infligir al mismo lo hemos podido comprobar estos últimos meses: recrudecimiento de la represión contra la izquierda abertzale, difamaciones sin fin contra el Gobierno a cuenta de la negociación con ETA, frecuentes manifestaciones en contra del proceso o del Gobierno mismo, etc. etc.

Lo que probablemente hemos considerado demasiado poco es el peligro que constituye el sector más duro y radical de ETA, tan reticente con la paz como la derecha españolista. Sí que es cierto que desde hace mucho venimos oyendo hablar de dos tendencias claramente diferenciadas dentro de la organización, una (mayoritaria y liderada por “Josu Ternera”) favorable a la negociación con el Gobierno, y otra (más minoritaria por el momento y comandada por el joven “Txeroki”) partidaria de continuar la lucha armada. Los miembros que integran este ala radical de ETA son fundamentalmente los más fanáticos y sanguinarios, algunos de ellos con tantas causas pendientes y tantos asesinatos a sus espaldas que son conscientes de la dificultad, en su caso concreto, de una futura rehabilitación a la vida civil.

Es precisamente este sector de ETA el que lleva intentando sabotear el alto el fuego casi desde el principio del mismo: desde la quema de aquella ferretería de Navarra justo un mes después de la declaración de alto el fuego, hasta el robo de las 350 pistolas en Francia, pasando por la amenaza de Aritxulegi o los numerosos actos de sabotaje (quema de cajeros, etc.) ocurridos desde entonces.

A pesar de todos los obstáculos anteriores, la mayoría de los periodistas dan por seguro que el Gobierno y ETA llegaron a reunirse a mediados de diciembre con el fin de reactivar el proceso de paz. Y al parecer, el resultado de dicha reunión fue satisfactorio para ambas partes: el proceso por fin se desbloqueaba y, previsiblemente, el Gobierno comenzaría a dar los pasos que le reclamaba la izquierda abertzale. Ternera podría así mirar con la frente bien alta a Txeroki, después del peligroso ultimatum de éste.

Está claro que Txeroki debía actuar ya si quería hacer fracasar las negociaciones. Debía hacerlo antes de que el Gobierno diese algún tipo de paso que convenciese a la práctica totalidad de miembros de ETA de la conveniencia de seguir con el proceso. La solución para él pasaba por un atentado que no sólo tensase la cuerda, sino que la rompiese. Un atentado con muertos. Una furgoneta cargada con más de 200 kilos de explosivos en el mismo aeropuerto de Barajas.

Ante tamaña barbaridad, el Gobierno ha tratado de salvar los muebles del proceso hablando de “suspensiones” y no de rupturas del mismo. Batasuna afirma directamente que el proceso continúa adelante. Pero será muy difícil salir de este atolladero. ETA probablemente revindicará el atentado para no originar de facto una escisión a la irlandesa (ya empieza a oírse incluso el nombre de “ETA auténtica”), pero ese será el origen de otro problema.

Y es que sólo ETA puede salvar el proceso de paz de esta profunda crisis que ha creado ella solita. Y sólo podría hacerlo abandonando TODO tipo de violencia. Incluso puede que sólo eso no baste: quizá haga falta una declaración de abandono defintivo y total de la violencia que termine de convencer a los sectores de la sociedad española que ayer estaban entusiastas y esperanzados con el proceso y hoy en cambio desconfían del mismo. En cualquier caso, ETA deberá atar en corto a Txeroki y a sus cómplices, y ello, además, de tal manera que se garantice lo más posible la unidad de la organización y evitar la tan temida escisión.

Sólo de esta manera, y con un Gobierno que se atreva a dar los pasos necesarios cuando es preciso, se podrá poner en marcha de nuevo el proceso.