31 mayo 2007

Obreros de derechas

Obreros de derechas son los peperos que regentan videoclubes, asadores de pollos, fruterías, bares, obreros de derechas son los porteros del barrio de Salamanca de Madrid que se inclinan al abrir las puertas de los Mercedes de los que descienden sin mirarles los señores a los que votan, obreros de derechas son los dueños de las peluquerías que no quisieron cerrar durante la huelga, y que esgrimen argumentos tan egocéntricos como 'a mí no me regalan nada los de la izquierda', obreros de derechas son también los trabajadores de a pie que no votan porque 'son todos unos ladrones', obreros de derechas son los taxistas que dicen que 'a la izquierda no, que me quitan lo que yo gano con mi esfuerzo'. Un obrero de derechas es aquel que no ve o no quiere ver más allá de los cuatro céntimos que ha reunido, y al que lo único que interesa es poner el aire acondicionado o la tarima de su pisito del extrarradio. También lo son los empleados de banca que se han visto obligados a hacerse un plan de pensiones privado, porque la seguridad social ya no las garantiza, y que, temerosos de perder sus ahorros, apoyan la opción conservadora.

Obreros de derechas son los contratados temporalmente que justifican la precariedad laboral con el argumento de que 'hay mucho vago que vive del cuento', obreros de derechas son los que entienden que las privatizaciones de los hospitales, de los transportes o de los colegios mejoran su funcionamiento porque así 'esos mangantes que no dan ni golpe ya no tienen garantizado el puesto'. Qué pena, Dios, qué pena. Y mientras tanto la verdadera derecha, la que se llena los bolsillos a raudales con la especulación inmobiliaria, con la información financiera privilegiada, con las prebendas políticas, con las OPAs hostiles, la derecha de los bancos, de los holdings, de Gescartera, toda esa auténtica derechona frotándose las manos. A estos idiotas, pensarán, les podemos quitar la seguridad laboral, el derecho a la huelga, la libertad de información, les podemos quitar hasta los pantalones y el orgullo, porque luego les dejamos que rebañen la cazuela y laman el plato, les damos las sobras y se conforman. Y encima llaman guapo a Aznar.

Fragmento de un artículo de Antonio López del Moral, escrito con ocasión de las elecciones municipales y autonómicas de 2003. Visto en Punto Rojo.


28 mayo 2007

Y sin tamayazo



No es mi intención analizar de manera pormenorizada lo que ha sucedido en las elecciones municipales y autonómicas a nivel estatal, pero no estarán de más algunos breves apuntes: la derecha ha conseguido 160.000 votos más que el PSOE, lo que significa que es muy posible que Rajoy llegue a la Moncloa en 2008. Evidentemente, la estrategia de la eterna rotura de España o de la presunta rendición del Estado frente al terrorismo han calado lo suficiente en el electorado como para seguir utilizándolas en los próximos meses, con más entusiasmo si cabe, como arietes contra el gobierno de Zapatero. Hay pocas excepciones a esta conclusión general: Navarra (donde el nivel de infamias lanzadas por el PP no tiene precedentes), Baleares y Canarias, principalmente; pocas si tenemos en cuenta que estamos hablando de un partido cuyo discurso es prácticamente similar al de la extrema derecha más minoritaria.

Pero hay una región cuyos resultados electorales necesitan de un análisis mucho más profundo, del que yo lamentablemente carezco. Se trata de Madrid, donde Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón han arrasado. ¿Acaso Madrid es facha, como algunos no dudan en afirmar desde ayer? Yo me resisto a simplificar tanto la situación, y quiero creer que en realidad no hemos asistido a una victoria arrolladora de la derecha, sino a una derrota monumental de la izquierda. El PSOE debería plantearse una renovación de sus representantes madrileños y sustituir a esos demagogos que son Miguel Sebastián y Rafael Simancas por otras personas más capaces y honestas. ¿Y qué decir de Inés Sabanés, candidata por IU para la presidencia de la Comunidad, que ha declarado sentirse “optimista” porque su partido ha pasado de 9 diputados a 11 en la Asamblea de Madrid? ¿Optimista cuando tanto el Ayuntamiento como la Comunidad de Madrid van a ser gobernados por la derecha con mayoría absoluta (casi sería mejor decir absolutista) en los próximos cuatro años?

Está claro que en Madrid hace falta un proyecto político decididamente de izquierdas, con propuestas progresistas sobre todo en materias sociales, económicas y fiscales (alguien debería explicar al PSOE que la eliminación de impuestos es una medida de derechas que Aguirre aplica mejor que ellos), que saque de la apatía política a ese sector de la izquierda abstencionista que sólo Aznar, con sus aventuras bélicas, consiguió llevar a los colegios electorales durante los comicios de mayo de 2003 (en Madrid) y los de marzo de 2004 (en el conjunto del Estado).

En cualquier caso, lo más inquietante de lo sucedido ayer es sin duda el evidente mensaje que el pueblo de Madrid ha lanzado a Gallardón y a Aguirre: queremos más obras faraónicas, un Madrid más endeudado, más parquímetros, más zonas azules y verdes, más presión fiscal (desapareciendo a la vez impuestos regresivos como el de sucesiones, por ejemplo), más pasos decisivos hacia la privatización de la sanidad madrileña, y una televisión pública que manipule aún más la información. Ah, y más corrupción urbanística. Todo ello aderezado con unas buenas dosis de vivas a España, por supuesto.

Vive Dios que responderán de manera adecuada a nuestra petición.



PD: Finalmente, en Euskadi y Navarra se consumó el pucherazo.



09 mayo 2007

"Golpe de timón" en 2006

Recientemente el periódico catalán L´Avenç ha publicado una entrevista a Pasqual Maragall en la que el ex president de la Generalitat afirmaba, entre otras cosas, sentirse "traicionado" por el presidente del Gobierno. Se refería concretamente al espinoso asunto del Estatuto catalán y a su reemplazo (a todas luces forzoso) por Montilla como candidato por el PSC para la Generalitat: según afirma, el "Zapatero federalista" fue reemplazado por el "Zapatero felipista".

Cabría preguntarse, desde luego, cuándo sufrió Zapatero ese cambio. ¿En qué momento pasó de ser "federalista" a ser "felipista", usando la propia terminología de Maragall? Si echamos la vista atrás y recordamos los acontecimientos que rodearon al nacimiento del Estatuto catalán, comprobaremos que tal giro en la política del presidente del Gobierno se produce precisamente al poco del discurso del teniente general Mena durante la Pascua Militar (6 de enero de 2006), en el que advirtió que el Ejército, amparándose en el artículo 8 de la Constitución española, podría intervenir en la vida política si se diese el caso de que un Estatuto de autonomía (y mencionó de manera amplia al Estatuto de Catalunya) excediese los "límites constitucionales". No hace falta leer entre líneas: se trata, lisa y llanamente, de una amenaza de golpe de Estado.

Es verdad que Mena fue condenado a ocho días de arresto domiciliario, y que incluso fue cesado de su cargo. Pero lo cierto es que se iba a jubilar en marzo, apenas dos meses después, lo que hace sospechar que el general previó las consecuencias de su actuación (el Gobierno no podía hacer otra cosa de cara a la opinión pública), y aún así decidió realizar su famoso discurso dado que su carrera militar estaba a punto de finalizar. Muy probablemente el general creyó que estaba sacrificando el final de su carrera realizando un servicio a su país. Fue algo así como su particular "salvación" de la patria.

Los medios de desinformación, en su línea habitual, dieron a entender que la actuación de Mena no era más que la de un viejo general derechista que actuaba por cuenta propia, en una especie de desafío personal y absurdo al gobierno de Zapatero, y echaron toda la tierra que pudieron sobre el asunto. Sin embargo, y mientras que el Ejército como tal jamás se desmarcó de las palabras de Mena (la petición de cese por parte del jefe del Estado Mayor de la Defensa, Félix Sanz, no deja de ser un nimio gesto teniendo en cuenta que el discurso de Mena fue pronunciado en presencia del Rey), la Asociación de Militares Españoles defendió en una carta pública la postura del general. Por lo que respecta a la derecha política, el PP justificó las amenazas golpistas. En vista de todo ello, cabe preguntarse si el discurso de Mena no fue sino una advertencia lanzada al Gobierno por parte de la cúpula del Ejército (o al menos de los generales más reaccionarios del mismo), que habría elegido a Mena como su portavoz e inevitable "peón" a sacrificar.

Hay que tener muy en cuenta también el momento elegido por el señor Mena para realizar su particular discurso: un momento en el que el Estatuto se encuentra bloqueado en la Comisión Constitucional del Congreso desde hacía semanas precisamente a causa de las dos cuestiones más espinosas para la derecha: la definición de "nación" y el modelo de financiación. Sólo unos pocos días después de la amenaza golpista (el 21 de enero), Zapatero daba la sorpresa haciendo público un preacuerdo con Artur Mas (líder de la derecha catalana, no lo olvidemos) para desbloquear el texto y aprobar un Estatuto descafeinado y recortado a la baja. Pacto, por cierto, realizado a espaldas de ERC y del propio PSC de Maragall.

El resto de la historia es de sobra conocida: aprobación del Estatuto mediante referendum, liquidación del efímero tripartito, sustitución de Maragall por Montilla como candidato a la Generalitat... En la actualidad el Estatuto catalán se encuentra paralizado y al borde de la liquidación total después de que el PP lograse llevarlo ante el Tribunal Constitucional, que a día de hoy no se ha pronunciado todavía.

Parece, en fin, que las amenazas de Mena fueron consideradas lo suficientemente serias como para producir en la política del gobierno de Zapatero un giro o, como se decía en los ambientes políticos previos al 23-F, un "golpe de timón". También así podemos explicarnos la actitud absolutamente cobarde y pasiva de Zapatero frente al proceso de paz vasco.




02 mayo 2007

Maniobras extrañas


El pasado 30 de abril, el diario El País publicaba en portada una foto de Iñaki de Juana Chaos paseando junto con su novia por el aparcamiento del Hospital Donostia de San Sebastián. No es algo extraño en un preso sometido al segundo grado y bajo tratamiento médico en un hospital; lo extraño, más bien, es el medio que publica la imagen: precisamente el periódico mas afín al PSOE. Teniendo en cuenta que la publicación de la misma (precisamente en la portada) no hace sino proporcionar munición a la estrategia del PP, cabe preguntarse qué sentido tiene tal maniobra a menos de un mes de las elecciones locales y autonómicas.

Podría pensarse que se trata de un hecho aislado, pero recientemente hemos tenido conocimiento de que El País ha criticado también en un editorial el "oportunismo" de Zapatero al ceder el castillo de Montjuic al ayuntamiento de Barcelona justo en época preelectoral.

¿Qué extrañas maniobras está realizando El País y, sobre todo, por qué? A tal respecto, escribe Javier Ortiz:

"Tremendo, el marcaje de El País al Gobierno de Zapatero para ponerle difíciles las cosas en las próximas elecciones municipales y forales vascas. Con lo de ANV, el diario de Polanco ha sufrido una auténtica rabieta, empeñado en dar argumentos para que alguien, quien fuera, ilegalizara las históricas siglas del laicismo nacionalista vasco y jodiera la manta, como decían los quintos de antaño. (...) Me dicen que, hace ya muchos meses, se celebró una cena (¿o era una comida? Da igual) entre Rodríguez Zapatero, ya presidente del Gobierno, con la gente más prominente del staff de El País, Jesús Polanco al frente. Los gurús del diario independiente de la mañana atacaron en tropel, reprochando a Zapatero la limpia que había hecho en la dirección del PSOE tras el XXXV Congreso, depurando a la práctica totalidad de la vieja guardia felipista y poniendo en cuestión su línea atlantista, neoliberal y españolísima."

En todo caso, si Zapatero se enfrenta no solamente a la ofensiva (tremenda ya de por sí) de la totalidad de los medios derechistas, sino también al que hasta ahora era el único medio escrito leal al PSOE, realmente lo tendrá difícil para ganar las próximas elecciones generales. El presidente del gobierno se encuentra, pues, en una situación realmente delicada.