09 abril 2008

Distrayendo del problema

Lokarri suele basarse en tesis con las que no estoy de acuerdo. Respecto a su última iniciativa, ésta se basa en: 1) La exigencia a los partidos políticos (y al PSOE en particular) de la puesta en marcha de un proceso de diálogo que "culmine con un acuerdo político que mejore la convivencia de la sociedad vasca". Asimismo se solicita una consulta popular en la que la sociedad vasca exprese su voluntad; 2) La exigencia a ETA de un fin de la violencia y de toda violación de derechos humanos que haga posible un proceso de paz y que permita a la sociedad vasca pronunciarse en dicha consulta con entera libertad.

Vayamos por partes:

1) No se exige al Estado el fin de sus violaciones de derechos humanos, civiles y políticos en relación al conflicto vasco, como sí se le exige (y con razón) a ETA. Creo que es necesario comprobar que, aparte de los asesinatos y amenazas de ETA, también por parte del Estado persisten todavía otras formas de violencia lo suficientemente graves como para exigir su desaparición. Me estoy refiriendo, claro está, a la tortura. Exigir sólo a una de las partes el fin de toda violación de los derechos humanos, mientras se oculta que la otra parte también los viola, adolece de una falta de objetividad preocupante e incluso sospechosa.

2) No veo cómo el fin unilateral de la violencia de ETA puede llevarnos a un proceso de paz. En todo caso nos llevaría a una rendición de ETA y, por tanto, ya no sería necesario ningún proceso de diálogo ni de negociación, ni por supuesto de paz, dado que la violencia de la otra parte seguiría estando presente.

3) Lokarri exige un "proceso de diálogo que culmine con un acuerdo político que mejore la convivencia de la sociedad vasca", pero no especifica en absoluto quién tiene que llegar a ese acuerdo y cómo puede mejorarse la convivencia de la sociedad vasca. La tesis de Lokarri es demasiado abierta, tanto que en ella cabe un simple acuerdo político entre PSOE y PNV que culmine en una mera reforma estatutaria con mayores competencias para el Gobierno vasco, lo que dejaría intactos los nudos del conflicto (territorialidad y autodeterminación). Creo que es indispensable que en ese acuerdo también esté presente la izquierda abertzale, y si Lokarri está de acuerdo conmigo debería especificarlo en su iniciativa. Por otro lado, creo que el fin de ese acuerdo no debería ser "mejorar la convivencia de la sociedad vasca", sino más bien alcanzar por fin los niveles democráticos mínimos que exije ésta: que todos los proyectos políticos sean posibles si obtienen el suficiente apoyo democrático y el respeto total de todos los derechos humanos, civiles y políticos.

4) Por último, Lokarri ve su "consulta" más como un fin que como un medio. Creo que el fin de cualquier tipo de proceso vasco (llamemosle "de paz", "de diálogo", "de negociación" o como queramos, las palabras son lo de menos) deberá ser el respeto de todos los derechos humanos, civiles y políticos (y por tanto de todos los proyectos políticos), y no que el pueblo vasco se pronuncie en una consulta acerca de la cual desconocemos todo: sus plazos, sus fines, sus términos...

Por otro lado, realizar una consulta en las condiciones actuales (con partidos políticos ilegalizados, con la violencia y amenaza de ETA presente, con cientos de presos políticos en las cárceles, con la amenaza de la tortura y la detención siempre presente, con medios de comunicación censurados, etc.) no solamente no es deseable, sino que es antidemocrático. Tendría la misma validez que cualquier referendum celebrado en un sistema dictatorial. Para realizar una consulta política al pueblo vasco es necesario que éste disponga de total libertad para pronunciarse, y hoy por hoy no la tiene porque esa libertad es violada por ambas partes: ETA y el Estado.

Apoyar esta iniciativa de Lokarri es un error porque confunde los términos del problema y del conflicto, y podría servir a determinados fines políticos que en la actualidad andan fraguándose en las cocinas del PSOE y del PNV. Quizá la colaboración de Lokarri en ese sentido no sea una estrategia consciente en absoluto, pero es lo de menos: lo importante es que es absurda y que nos distrae de las cuestiones que realmente debemos encarar si queremos encontrar una solución para el conflicto vasco.