17 mayo 2008

La violencia de ETA (I): ética

Percibir la violencia únicamente como un medio tan lícito como cualquier otro para conseguir un determinado fin es una postura que coincide plenamente con el uso clásico de la violencia que ha hecho la humanidad durante toda su Historia. Una izquierda que aspire a una revolución total de las relaciones humanas está obligada a replantearse esa postura si fuese necesario. Y es obvio que si pretendemos construir un mundo más justo y humano desde pilares como la solidaridad es necesario que en ese análisis introduzcamos otros factores nuevos como el ético y el moral, aparte de los factores políticos y estratégicos habituales.

Por ello, si tenemos en cuenta que el principal resultado de la violencia es el dolor y el sufrimiento, la disyuntiva es obvia: ¿puede un determinado resultado estratégico o político compensar de algún modo el sufrimiento causado por la violencia? Creo firmemente (es una creencia meramente personal) que tal debate es estéril, por cuanto es muy difícil determinar si esa compensación existe, cuándo existe y cuándo no, y sobre todo cómo puede calibrarse. La respuesta es tan sumamente subjetiva, dependiendo del valor personal que cada uno otorgue a los distintos factores de la ecuación, que es muy posible que cualquier tipo de violencia pueda estar justificada por cualquier tipo de fin político-estratégico. ¿Qué tipo de proyectos políticos pueden, objetivamente, justificar el uso de la violencia? ¿Cuáles no? ¿Y qué límite tiene la violencia, si es que tuviera alguno según ese punto de vista?

La solución más razonable al respecto es simplemente no correr riesgos y concluir que la violencia NUNCA puede estar justificada por razones estratégicas o políticas. Así, y teniendo en cuenta que la violencia no es deseable por sus efectos perniciosos, es lógico concluir que no se debe hacer uso de la misma, o por lo menos se debe utilizar únicamente como último recurso. El debate se sitúa entonces entre un pacifismo moderado que sólo acepta el uso de la violencia como legítima defensa o un pacifismo radical que excluye cualquier práctica violenta incluso en legítima defensa.

Personalmente soy defensor de la primera opción, y aunque admiro a los pacifistas radicales creo que su postura no solamente no es viable en la sociedad actual sino que resulta incluso suicida. Me posiciono, pues, a favor del uso de la violencia únicamente como último recurso en caso de defensa propia. Por supuesto, el concepto de "defensa propia" implica una serie de presupuestos básicos:

1. Ha de existir un principio de proporcionalidad: la violencia ha de ejercerse frente a un ataque igual de violento, y por tanto el nivel de violencia de respuesta no debe exceder del nivel de violencia agresora.

2. La violencia de defensa ha de ser dirigida contra los objetivos directamente responsables del ataque: no puede ser dirigida contra objetivos que poco o nada tienen que ver con el mismo.

3. Por último no debe existir ninguna otra vía de defensa propia no violenta (legal, política, etc.), o bien ésta es manifiestamente insuficiente.

Tal postura, con tales presupuestos básicos, se sitúa en un equilibrio perfecto entre unos poderosos límites a la violencia y un efecto preventivo ante cualquier agresión. Por supuesto, esta tesis se puede aplicar a individuos o colectividades indistintamente, y a cualquier situación de agresión imaginable. En lo que respecta a un Estado, un ejemplo pertinente sería el de un policía que reduce violentamente (por supuesto manteniendo el principio de proporcionalidad mencionado en el punto 1) a un individuo que hace uso de la violencia para agredir a otros.

No es difícil hacer una valoración del conflicto vasco y la violencia de ETA a la luz de esta postura. Es evidente que cuando se producen torturas, agresiones físicas a manifestantes, ilegalizaciones forzosas de partidos, etc. se da una situación de agresión estatal ilegítima que podría suscitar una violencia en defensa propia absolutamente legítima. Sin embargo la violencia de ETA ha dejado de ser proporcional (por cuanto el Estado ya no asesina militantes vascos o lo hace muy infrecuentemente) y se ha extendido a colectivos que sólo tienen una relación muy indirecta con la violencia estatal (concejales o incluso ex concejales vascos, por ejemplo). La violencia etarra, pues, sólo obtendría justificación desde el punto de vista de la imposibilidad para defenderse por algún otro cauce pacífico de las agresiones estatales (debido principalmente a la impunidad de la que gozan los agentes agresores), pero la violación flagrante del resto de premisas invalidan el cumplimiento de ésta.

Resumiendo, la violencia de ETA (al menos en su nivel y estrategia actual) no creo que sea justificable. Pero no importa demasiado si tenemos en cuenta que ETA no comparte mi tesis y que ni siquiera parte de los mismos conceptos éticos que yo. Para ETA, la violencia se justifica desde el momento en que el Estado niega un derecho colectivo (el de la autodeterminación del pueblo vasco) y constituye un medio lícito para obligar al Estado a sentarse a negociar. Desde ese punto de vista cualquier otra consideración de tipo moral o ético pasa a un segundo plano, como suele ser habitual para cualquier Estado, imperio u organización que haga uso de la violencia al modo clásico, algo que debería hacer reflexionar a quien se considere a sí mismo "revolucionario".


(Próximo post: "La violencia de ETA (II): estrategia".)



6 comentarios:

Lluís dijo...

Un fantástico artículo. Te felicito.

Ricardo Mella dijo...

Bienvenido y muchas gracias por tu comentario y tu felicitación.

Jabiero dijo...

Desde ese punto de vista cualquier otra consideración de tipo moral o ético pasa a un segundo plano

Eres de chiste.

Ricardo Mella dijo...

Jeje, veo que sigues retratando tu pobreza intelectual y argumental en cada comentario que haces, en tu estilo habitual. Ten cuidado, jabiero, no vayas a convencer a mucha gente. ;)

mikel dijo...

Hola Ricardo:

Dices que: "Sí tenemos en cuenta que el principal resultado de la violencia es el dolor y el sufrimiento..."
¿Que hacemos con, aquello de que: "La violencia es la partera de la historia" y tal y tal? Pues que igual se cae en un reduccionismo aun mayor, si cabe.

Continuas con: "teniendo en cuenta que la violencia no es deseable por sus efectos perniciosos..."

¿Que quieres que te diga al respecto? un pleonasmo integral, un relleno para engordar la intención. De cajón de tabla de madera ¿no?

Con el asunto de la "defensa propia" y la proporcionalidad, pues no se... ¿Estás hablando de simetrías de guerra? ¿Von Klausewitz, o así? Es que no lo pillo en esas coordenadas. A lo mejor con Sun-Tzu, o similar. Quizás.

Para no enrollarme demasiado, te diré que (es una impresión) estás en ese recorrido que conduce al lamento, que sí es válido para las vísperas; porque después, cuando la artillería se presenta en la función, decir paz sin cualidades o destinatarios, poco significa. La paz es un reclamo que todos utilizamos durante los estallidos:
el pacificador llama paz a la rendición del contrario;
el pacifista, al silencio de los morteros;
y el pacífico, al fin de la humillación.

Cada cual tiene su casilla para elegir.

Un saludo.

Ricardo Mella dijo...

Hola, Mikel.

Dices que: "Sí tenemos en cuenta que el principal resultado de la violencia es el dolor y el sufrimiento..."
¿Que hacemos con, aquello de que: "La violencia es la partera de la historia" y tal y tal? Pues que igual se cae en un reduccionismo aun mayor, si cabe.


No veo contradicción alguna entre mi cita y la de Marx. El principal resultado de la violencia es el dolor y el sufrimiento, y de eso creo que habrá pocas dudas. Pero he dicho "principal", y no "único". Es el más directo, aunque indirectamente la violencia provoque otros efectos políticos, o sociales o de cualquier otra índole. Pero creo que no es exagerado afirmar que la mayoría de la violencia que ha sufrido la humanidad no ha tenido otro efecto que el desangro de la mayoría y los beneficios de una minoría. Y muchas veces ni eso.

Continuas con: "teniendo en cuenta que la violencia no es deseable por sus efectos perniciosos..."

¿Que quieres que te diga al respecto? un pleonasmo integral, un relleno para engordar la intención. De cajón de tabla de madera ¿no?


No creas, mucha gente no lo tiene todavía muy claro.

Con el asunto de la "defensa propia" y la proporcionalidad, pues no se... ¿Estás hablando de simetrías de guerra? ¿Von Klausewitz, o así? Es que no lo pillo en esas coordenadas. A lo mejor con Sun-Tzu, o similar. Quizás.

En absoluto. Simplemente llego a la conclusión de que, puesto que la violencia es perniciosa, no es deseable, y por tanto no debe emplearse o debe emplearse lo menos posible. De ahí deduzco que sólo debe permitirse en defensa propia, pero este concepto implica una serie de presupuestos como la proporcionalidad. Si la defensa propia es desproporcionada al ataque sufrido, se convierte en un ataque y no en una defensa. No creí que fuese tan complicado de entender.

Para no enrollarme demasiado, te diré que (es una impresión) estás en ese recorrido que conduce al lamento, que sí es válido para las vísperas; porque después, cuando la artillería se presenta en la función, decir paz sin cualidades o destinatarios, poco significa.

No entiendo muy bien qué quieres decir exactamente, pero ni pretendo llegar a ningún lamento ni creo haber dicho "paz" sin "cualidades o destinatarios". Simplemente hago una reflexión personal y desde un punto de vista ético y de izquierdas sobre la violencia, y a partir de ahí lo aplico a un ejemplo paradigmático como es ETA.

La paz es un reclamo que todos utilizamos durante los estallidos:
el pacificador llama paz a la rendición del contrario;
el pacifista, al silencio de los morteros;
y el pacífico, al fin de la humillación.

Cada cual tiene su casilla para elegir.


Creo que no he hablado de paz, sino todo lo contrario: de violencia. Y no en un sentido etéreo, sino práctico: ¿cuál es la postura de la izquierda radical frente a la violencia? ¿hay algún límite ético a la misma?

Saludos.