12 noviembre 2008

¿Hacia una alianza independentista?


- El pasado mes de abril el secretario general de LAB, Rafael Díez Usabiaga, afirmaba en declaraciones a Euskadi Irratia que "en breve plazo" nos encontraríamos ante "nuevos diseños".

- En mayo, Juan Mari Olano (portavoz de Gestoras Pro Amnistía) aseguraba en el semanario Argia estar convencido de "que este pueblo le dará la vuelta a la situación antes de lo que piensa la gente. No sólo la izquierda abertzale. Habrá una nueva oportunidad que no habrá que desaprovechar. Nos atañe a todos. Puedo garantizar que la izquierda abertzale al completo está preparada para aprovechar la oportunidad".

- En septiembre, y aprovechando el décimo aniversario de la firma del acuerdo de Lizarra, el presidente de EA, Unai Ziarreta, apostaba por "recuperar" la senda de aquel pacto.

- El 9 de noviembre, El País publica este sugestivo planteamiento: "La división interna recorre, asimismo, las desmoralizadas filas militantes de Batasuna y se manifiesta en la promoción de dinámicas y proyectos de participación electoral que cuestionan implícitamente el papel de "vanguardia dirigente" asignado a ETA y se anticipan a la posibilidad de que la organización terrorista opte por la abstención y el boicoteo de las elecciones. Arnaldo Otegi, el ex portavoz de Batasuna recientemente excarcelado, el ex secretario general del sindicato LAB, Rafael Díez Usabiaga, y otros antiguos dirigentes como Tasio Erkizia están impulsando junto al ex secretario general de ELA, Joseba Elorrieta, y el ex consejero vasco de EA, Sabin Intxaurraga, la creación de una plataforma independentista abierta a las formaciones políticas y sindicales de izquierda abertzale: EA, Aralar, Zutik y Euskal Batasuna (partido de ámbito vasco-francés), además de ELA. La creación de esta plataforma, un remedo de Nafarroa Bai, con Batasuna en el lugar del PNV, les permitiría a la base militante y a su electorado salir del ostracismo político, salvar la prohibición judicial que pesa sobre su actividad pública y descargarse, en buena medida, de la férrea tutela que ejerce la organización terrorista. El congreso nacional del sindicato ELA ha condicionado su participación a que el proceso sea "democrático" y "civil", esto es: libre de las presiones e interferencias de ETA. Y cabe pensar que las condiciones de EA, partido que parece decantarse por romper su alianza electoral con el PNV, y del resto de los grupos convocados no serían menos exigentes. La incógnita reside en saber si los promotores de este proyecto seguirán adelante en el caso de que la organización terrorista lo rechace."

- Al día siguiente, 10 de noviembre, EA anuncia el fin de su alianza con el PNV y el día 11 su presidente, Unai Ziarreta, hace pública su apuesta por "un gran movimiento independentista", afirmando que "la solución sólo puede llegar mediante la articulación de un gran movimiento soberanista que logre, por vías pacíficas y democráticas, la adhesión mayoritaria de la ciudadanía para avanzar hacia un nuevo marco legal en el que todos los proyectos políticos, también el independentista como el que sin ambages defiende EA, puedan materializarse".

- Hoy, 12 de noviembre, la izquierda abertzale se declara dispuesta a "trabajar" con EA por "un proyecto soberanista común": "Si EA está dispuesta a superar el tope constitucional, la izquierda abertzale no tendrá ningún inconveniente para realizar un trabajo en común, frente al actual proyecto autonomista". Piensan en un "bloque soberanista" con tres objetivos basados en la superación del actual marco político, la independencia y un modelo social "opuesto al neoliberalismo del PNV". Afirman igualmente que su oferta es "profunda" y a "más largo plazo" que los meramente electorales.

Queda por saber si todo lo anterior son meras estrategias electoralistas de cara a la próxima renovación del Parlamento vasco (cabe la posibilidad de que EA sólo intente atraerse el voto abertzale, huérfano desde la ilegalización de ANV y EHAK) o, por el contrario y a tenor de los anteriores indicios, formaría parte de la escenificación pública de un pacto previo y secreto, al estilo de lo que sucedió en Lizarra. En tal caso se plantearían diversas cuestiones: ¿Cómo reaccionaría el Estado frente a una amplia alianza independentista y de izquierdas? ¿Se concretará ésta en algún tipo de coalición electoral? ¿Cómo quedaría configurado el Parlamento vasco con ese actor en el escenario?

¿Y ETA? ¿Cómo se posicionaría en tal situación? Parece poco probable (aunque muy conveniente para los fines propagandísticos que persigue) la tesis de El País según la cual todo el plan se esté llevando a cabo a espaldas de la organización armada, pero al mismo tiempo cuesta creer que EA, Aralar o Zutik se avengan a desarrollar pactos con la izquierda abertzale mientras ETA siga en activo.

Veremos.